28 Sep

Cómo romper con los ideales de belleza

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¿Cómo podemos terminar con los modelos de belleza impuestos por nuestra sociedad? Averigua por qué afectan tu vida y cómo desprenderte de su influencia.

Texto e ilustración: Roberto Rombo

¿Te gusta cómo te ves? ¿Te importa verte bien? ¿Te preocupas si tu aspecto le agrada a los demás?

Preocuparse por la apariencia del cuerpo está lejos de ser algo malo. Por el contrario, cuando la autoestima está sana, se manifiesta a través de una aceptación y aprecio integral por el propio ser. Esto incluye la manera en que nos presentamos físicamente al mundo.

Sin embargo, las ideas ajenas a veces pueden transformar esta preocupación en obsesión. Los ideales de belleza forman parte de estas ideas nocivas. Son estándares públicos creados por personas con distintos intereses: económico (normas inalcanzables para mantener un consumo permanente), político (distinción entre clases sociales), publicitario (identificación con la imagen de una persona para generar lealtad), revolucionario (nuevos modelos de apariencia), y muchos más.

¿Por qué son tan peligrosos los ideales de belleza? En primer lugar, porque tienden a reducir el valor de una persona a su apariencia física. Transforman un ser integral y multidimensional en un cascarón, representado por su imagen.

Además, si son impuestos con suficiente frecuencia, terminan implantándose en los pensamientos como una estructura mental. Esto provoca actitudes negativas hacia quienes no calzan con la norma (discriminación, abuso verbal y físico), y a también hacia la propia persona (obsesión, ansiedad, egolatría, baja autoestima, desórdenes alimenticios).

Por lo tanto, si quieres romper con esa estructura, puedes crear una nueva. ¿Cómo puedes crear tu propio ideal de belleza, sin tomar otros como inspiración y caer de nuevo en un modelo estándar? Comienza desde tu propio cuerpo.

  1. Observa tu cuerpo… desde el interior

  2. ¿Cómo se puede observar el propio cuerpo sin un espejo? A través de tus sensaciones internas, puedes identificar las sutilezas de tu estructura corporal.

    Encuentra un momento en tu día donde puedas recostarte por 10 minutos, en tu cama o en el suelo. Respira profundo y comienza a percibir tu interior. Observa el peso de tus huesos, la tensión y relajación de tus músculos, la circulación de tu sangre, la temperatura en distintas partes, el contacto entre tu piel y tu ropa, las zonas de tu cuerpo que están apoyadas en tu cama o el suelo. Busca identificar el volumen de tu cuerpo desde las sensaciones en tus estructuras internas.

    No podemos comparar las sensaciones propias con las ajenas. Forman parte de la individualidad y la subjetividad. Por lo tanto, siempre puedes observar tu cuerpo de forma única, sin necesidad de ajustarlo a ninguna norma.

  3. Mueve tu cuerpo

  4. Tu cuerpo ha sido «diseñado» para moverse. Cuando movilizas tu cuerpo de forma consciente, tu mente le quita la atención a tu discurso mental por un momento, y se enfoca en coordinar las distintas partes de tu sistema corporal.

    Cada vez que puedas, hazte un tiempo para mover tu cuerpo libremente, manteniendo la atención en lo que percibes en tu interior. No te preocupes si algunas zonas parecen más rígidas o débiles que otras. Simplemente explora tu movilidad y observa cómo cambian tus sensaciones internas: energía, temperatura, tensión, la acción de la gravedad, tu pulso.

    Si conviertes estas acciones en una práctica regular, la imagen mental que tienes de tu propio cuerpo irá cambiando. Al desarrollar la percepción de tu corporalidad desde otras perspectivas (sensaciones, movimiento, gravedad), esta imagen se acercará cada vez más a su versión real y concreta.

  5. Cuida tu cuerpo

  6. Mediante diversos mecanismos, el cuerpo «avisa» cuando algo no anda bien. A veces se presentan síntomas como dolor, tensión, adormecimiento, falta de sensibilidad o fatiga. Otras veces involucra también el estado emocional y el ánimo: malestar estomacal causado por miedo, molestias en la garganta por pena reprimida o dolor de cabeza por exceso de pensamientos.

    Es necesario hacerse cargo de la salud corporal, e identificar los factores externos que causan daño a tu cuerpo: alimentación, actividad física, consumo de sustancias. Cuando la mente y las emociones están relacionadas con el malestar, entonces es necesario revisar también las situaciones asociadas: estilo de vida, trabajo, relaciones, familia.

    Si cuidas tu cuerpo, tu aspecto exterior manifestará su equilibrio interior. Cuando los procesos internos (corporales, mentales y emocionales) están funcionando de forma balanceada, se expresan físicamente como una piel saludable, un peso cercano al punto de equilibrio propio, una postura erguida y segura, un cuerpo disponible a distintas actividades y energía para llevarlas a cabo.

Crear un modelo propio de belleza permite conectarte con tu propio cuerpo y derribar las ideas que nos imponen constantemente las fuerzas externas. Aplicando la observación, el movimiento y el cuidado permanente de nuestra corporalidad, integramos la dimensión física en el desarrollo de una mente sana.

Si construyes un modelo propio, con el tiempo irás descubriendo el placer de habitar tu propio cuerpo. Se transforma en un lugar donde te sientes a gusto, porque conoces sus detalles, su arquitectura, sus colores, sus rincones y sus historias. Reconoces tu cuerpo como un hogar.

¿Qué modelos de belleza te gustaría derribar? Comparte tus ideas en los comentarios y ayuda a otras personas a derribar sus miedos al respecto.

28 Sep

El cultivo de la mente

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Hemos sido educados para entender la mente como un rey que da órdenes, y el cuerpo, como un sirviente que las ejecuta. ¿Será tan así? Según mi experiencia, y lo que enseñan varias disciplinas que trabajan con el sistema cuerpo-mente, existe una relación más profunda entre ambos.

Texto e ilustración: Roberto Rombo

El año había sido complicado para mí. Me sentía solo, sin un rumbo claro, sin energía para hacer las cosas. Un día, la crisis se desató: mi mente se convirtió en un tormentoso mar de imágenes, que se mezclaban unas con otras. Las malas decisiones que había tomado. Las cosas que nunca hice. El tiempo que había pasado. Recuerdos exageradamente oscuros e imágenes sobre un futuro sin esperanza. Sentía náuseas, como si mi cuerpo realmente estuviera cayendo hacia el fondo de un océano en tempestad.

Por un momento, me permití sentir ese vértigo. Observé cómo se manifestaba en mi cuerpo: piernas sin fuerza, un cosquilleo incómodo en el abdomen, latidos fuertes y rápidos al centro del pecho, la respiración acelerada, un nudo en la garganta. Continuaba sintiéndome pésimo, pero al menos mi atención ya no estaba en aquel temporal de pensamientos. Me di cuenta que podía calmar un poco la respiración. Al ir suavizándola, los latidos comenzaron a normalizarse, y las sensaciones en el pecho, el abdomen y las piernas lentamente fueron desapareciendo.

Sentí curiosidad por la forma en que mi mente afectaba mi cuerpo y cómo mi cuerpo también podía influir en mi estado mental.

Sentí curiosidad por la forma en que mi mente afectaba mi cuerpo y cómo mi cuerpo también podía influir en mi estado mental.

Sentí curiosidad por la forma en que mi mente afectaba mi cuerpo y cómo mi cuerpo también podía influir en mi estado mental. Decidí investigar un poco sobre el cultivo mental: la observación, el entrenamiento y el control del flujo de pensamientos, y su vínculo con el cuerpo. Había escuchado sobre las prácticas corporales y su relación con los pensamientos y las emociones. Comencé a conocer las diferentes disciplinas que permiten aprender a cultivar la mente desde las acciones físicas, como el yoga, la meditación, algunos tipos de danza y otras más. De estas experiencias, pude identificar varios elementos en común:

  • Requieren la observación del cuerpo y la mente: te concentras en percibir las distintas partes y capas de tu cuerpo, individualmente y como un todo, y observas el estado de tu flujo de pensamientos.
  • Estimulan el autoconocimiento: al observar tu cuerpo y tu mente comienzas a comprender tus límites y zonas sensibles, y también tus posibilidades y potencialidades.
  • Permiten enfocarse en el presente: cuando vas desarrollando una atención plena, puedes percibir el momento que vives de manera más intensa, y mantienes un equilibrio físico y mental.
A veces el cuerpo y la mente funcionan como sistemas independientes, y no existe conexión entre ellos. Cuando no están conectados, pierdes el equilibrio.

A veces el cuerpo y la mente funcionan como sistemas independientes, y no existe conexión entre ellos. Cuando no están conectados, pierdes el equilibrio.

A veces el cuerpo y la mente funcionan como sistemas independientes, y no existe conexión entre ellos. Cuando no están conectados, pierdes el equilibrio. Literalmente. Por ejemplo, vas subiendo una escalera y recuerdas que alguien te dijo cosas que te hicieron sentir mal. Comienzas a armar escenarios hipotéticos: ¿Por qué habrá dicho eso? ¿Y si le hubiera respondido de otra manera? ¿Qué le diré cuando nos encontremos? ¡Paf! Sin darte cuenta, te tropiezas con el siguiente escalón y caes estrepitosamente. Tus ojos estaban funcionando correctamente. Tus piernas también. Sin embargo, tu mente estaba desintegrada de tu cuerpo, y un choque te hizo volver al presente.

¿Qué pasa si esta separación es permanente? El desequilibrio pasa a ser permanente también. Mientras tu mente está ocupada en traer persistentemente recuerdos pasados y crear historias sobre cosas que aún no suceden, comienzas a perder sensibilidad. Tu cuerpo reduce su capacidad para avisarte cuando hay problemas y reaccionar a tiempo. No escuchas cuando tienes que escuchar. No hablas cuando tienes que hablar. Pasas por alto oportunidades.

Al observar la respiración y las sensaciones corporales, puedes traer tu atención al momento actual, y ayudar a calmar tus mareas mentales.

Al observar la respiración y las sensaciones corporales, puedes traer tu atención al momento actual, y ayudar a calmar tus mareas mentales.

Para recomponer esta desconexión, lo mejor es comenzar a cultivar la mente desde el cuerpo. En lugar de luchar contra la tormenta mental, aceptas su existencia, y llevas tu atención hacia lo que percibe tu cuerpo: tu temperatura, las zonas que se sienten incómodas, las partes más relajadas, la tensión de tu musculatura, el peso de tus huesos, las cualidades de tu inhalación y tu exhalación. Al observar la respiración y las sensaciones corporales, puedes traer tu atención al momento actual, y ayudar a calmar tus mareas mentales. A través del entrenamiento progresivo de la atención, aprendes el sutil arte de enfocar la mente en distintas partes y capas corporales, dirigiéndote hacia la comprensión de la unidad cuerpo-mente como un todo.

El cuerpo-mente humano tiene una capacidad maravillosa: se adapta a las condiciones en donde se encuentra. Esta adaptación es paulatina: ante pequeños cambios, nuestro organismo responde con pequeñas adaptaciones. Por esta razón, el cultivo mental es un proceso gradual que requiere práctica, paciencia y voluntad. Para reconectar la mente con el cuerpo, primero debemos observarlos y conocerlos. A medida que vamos comprendiendo cómo están relacionados, la práctica se vuelve cada vez más sutil y profunda. “Me doy cuenta cuando mi respiración está agitada”. “Siento menos tensa la espalda baja”. “¡Descubrí un músculo en el hombro que antes no existía!”. Todas esas pequeñas epifanías son las piedras con que vamos construyendo nuestro camino.

Si sientes que aprender a cultivar tu mente te puede ayudar, comienza a armar tu propio camino. Solamente necesitas encontrar un punto de partida y si vas en la dirección correcta, cada paso te hará avanzar y apaciguar las tormentas en tu interior.

“No conozco ninguna otra cosa que proporcione tanta felicidad como una mente cultivada y desarrollada” – Buda

Para practicar

Requisitos

  • 10 minutos de tu tiempo

Sugerencias

  • Puedes colocar una música suave de fondo en volumen bajo, para llevar la cuenta del tiempo, como esta música de meditación

Práctica

  1. Escoge un lugar tranquilo. Siéntate cómodamente sobre un cojín en el suelo, con las piernas cruzadas, o bien, en una silla, con la espalda apoyada en el respaldo y las plantas de los pies apoyadas en el suelo. Ubica tus manos sobre los muslos, de modo que los brazos estén relajados.
  2. Cierra tus ojos, y comienza a respirar profundamente.
  3. Durante las primeras cinco respiraciones, lleva tu atención hacia cada inhalación y cada exhalación.
  4. Desde la sexta inhalación, continúa respirando profundamente, y comienza un recorrido de tu cuerpo con tu atención, desde tus pies hacia tu cabeza (piernas, tronco, brazos, cabeza), deteniéndote 3 respiraciones en los puntos donde identifiques tensión o dolor. Cuando llegues a la cabeza, vuelves a concentrarte en tu respiración.
  5. Para terminar, realiza 3 respiraciones profundas.
03 Ago

3 técnicas simples para recuperar la concentración

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¿Es posible recuperar la concentración desde el cuerpo? Descubre qué principios derivados de la meditación están involucrados y cómo aplicarlos en tu vida.

Vas a la tienda y te quedas inmóvil intentando recordar qué es lo que fuiste a comprar. Estás cocinando, las palabras que tu pareja te dijo en la mañana aún dan vueltas por tu cabeza, y olvidas agregar los aliños. Quieres terminar de una vez por todas el informe, pero no puedes resistir la tentación de ver el video que te enviaron.

¿Cómo podemos concentrarnos en medio del mar de estímulos que nos ahoga? Es muy común perder el enfoque de lo que estamos haciendo y llevar la atención a otra cosa a nuestro alrededor. Nuestros pensamientos e ideas también se convierten habitualmente en nuestros distractores más persistentes.

Dirigir la atención hacia un solo objeto y mantener esa conexión requiere un largo entrenamiento. Sin embargo, podemos aprender a recuperar la concentración cada vez que la perdemos. Solo necesitas tu cuerpo, tus sentidos y tu capacidad de percepción.

Las siguientes técnicas se derivan de las disciplinas meditativas. Pueden ser realizadas en cualquier lugar físico. Cuando se te haga complicado concentrarte, pon en práctica alguno de estos métodos (o todos):

  1. Observa tu respiración

  2. Con tu cuerpo de pie o sentado, relaja tus brazos. Respira un par de veces tal como lo estás haciendo, y observa el patrón actual de tu respiración: ¿qué tan rápida está? ¿qué tan profunda está? ¿qué tan intensa está? Recuerda no evaluarla, simplemente observarla (evitando pensamientos como «¿Por qué no puedo respirar bien?», «¿Por qué es tan corta mi respiración?»). En seguida, profundiza tu respiración, y percibe las sensaciones que aparecen en tu cuerpo con este nuevo patrón. Realiza 5 de estas respiraciones profundas.
  3. Identifica tu entorno

  4. Con los ojos abiertos o cerrados, detente un momento para escuchar los sonidos a tu alrededor. Con tu atención, recorre lentamente las distintas fuentes de sonido, desde la más lejana a la más cercana. No analices el origen de los sonidos; simplemente enfócate en percibirlos. Cuando hayas terminado el recorrido, escucha el suave sonido de tu propia respiración, y luego retoma lo que estabas haciendo.
  5. Concéntrate en tus dedos

  6. Con los brazos relajados y las manos sueltas, junta las puntas de los dedos índice y pulgar en cada mano. La presión debe ser suficientemente firme como para que los dedos permanezcan unidos en las puntas, y suficientemente relajada para evitar cualquier tensión en los dedos. Concéntrate en mantener este equilibrio entre firmeza y relajación, durante 5 respiraciones profundas.

Prueba estas técnicas la próxima vez que no puedas concentrarte. Para no angustiarte, recuerda percibir tu respiración, reconocer tu entorno y centrarte en tu cuerpo. Si practicas estos métodos de forma habitual, podrás mejorar tu concentración notablemente.

¿Qué haces para concentrarte? Comparte tu experiencia en los comentarios y ayuda a quienes necesitan saber cómo mejorar su concentración.

30 May

El secreto de las posturas de yoga

El secreto de las posturas de yoga

¿Es posible que una postura corporal altere nuestra vida por completo? Las posturas de yoga tienen algo que las distingue de otras prácticas físicas. Descubre cuál es esa sutil diferencia y cómo puedes aprovecharla para experimentar el poder de las posturas.

Texto: Roberto Rombo

Cuando pensamos en el yoga, es probable que se nos vengan a la cabeza imágenes de personas atléticas realizando complicadas geometrías corporales. Pies detrás de la cabeza, piernas abiertas en ciento ochenta grados y cuerpos invertidos haciendo equilibrio sobre las manos. ¿Qué hace que una disposición corporal sea considerada postura de yoga?

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Si la consciencia está atenta, podremos identificar el sutil cambio de presión en la planta del pie de apoyo cuando perdemos el balance.

Existe un factor esencial que convierte una pose en una postura de yoga: la atención. Cuando la atención está despierta durante la realización de una postura, podemos percibir lo que ocurre en el interior del cuerpo. Identificamos la información que nos envía, y podemos reaccionar a esos mensajes.

Por ejemplo, pensemos en una postura de equilibrio sobre un pie. Si la consciencia está atenta, podremos identificar el sutil cambio de presión en la planta del pie de apoyo cuando perdemos el balance. Para evitar caer, reorganizamos el peso del cuerpo en respuesta a esa sensación.

La importancia de la acción en las posturas de yoga

De esta manera, entendemos las posturas de yoga como un conjunto de movimientos despiertos en lugar de una geometría física. Iyengar, un importantísimo maestro del yoga contemporáneo, describía las posturas en términos de acciones. Una acción es un movimiento corporal consciente, guiado por las sensaciones internas.

Cuando nos enfocamos en las acciones corporales, comenzamos a expandir nuestro cuerpo al sostener las posturas. Encontramos espacio entre las vértebras, liberamos tensiones musculares, movilizamos articulaciones rígidas. Muchas veces estas acciones son casi imperceptibles desde el exterior, pero interiormente la actividad es percibida intensamente.

Actualmente, a las posturas de yoga se les llama «asanas». Se dice que, en los comienzos, este término solo hacía referencia a una postura con el cuerpo sentado, para practicar meditación. Esta postura debía cumplir con dos cualidades fundamentales: comodidad y estabilidad.

Posteriormente, el término se extendió a cualquier tipo de postura corporal (no solo sedentes) realizado conscientemente, dentro de la metodología del Hatha Yoga. Sin embargo, estas dos características siguen presentes de todas formas. Una postura realizada en base a acciones conscientes va a ser cómoda (no causará sufrimiento ni sobrepasará los límites físicos) y estable (implicará mantener el cuerpo despierto).

Cuando la mente habita el cuerpo

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Cuando la mente está incorporada completamente en el asana, sentimos las acciones expandiéndose por todo nuestro cuerpo, hasta la punta de los dedos.

La realización de asanas implica un viaje de la mente hacia el interior del cuerpo. Las dimensiones física y mental trabajan en conjunto para lograr las cualidades del asana. Cuando la mente está incorporada completamente en el asana, sentimos las acciones expandiéndose por todo nuestro cuerpo, hasta la punta de los dedos.

Es esta conexión entre mente y cuerpo lo que finalmente repercute positivamente en nuestras vidas. A medida que vamos refinando la atención corporal, comenzamos a entender, aceptar y cuidar nuestro cuerpo. Además, las asanas realizadas correctamente (es decir, conscientemente) producen efectos en todo nuestro sistema psicofísico: procesos corporales (digestión, circulación, respiración), emocionales y energéticos.

Por todo esto, las asanas son esencialmente ejercicios físico-mentales. Su importancia radica en la forma en que entrenan y disciplinan la mente. Con la práctica, cuerpo y mente se integran de una manera tan íntima que comienzan a formar una unidad.

Cuando decides trabajar en función de tu atención interna en lugar de la perspectiva externa, las posturas te ayudarán a explorar tu ser de forma integral. Ya no se trata de intentar dominar el cuerpo, y forzarlo en posiciones extremas. Se trata de cultivarlo de forma amable y consciente.

Referencias

Danilo Hernández, Claves del Yoga – Teoría y práctica. La liebre de marzo, 2015.
B. K. S. Iyengar, La luz del Yoga. Kairós, 2013.

05 Sep

Hatha Yoga

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Es un sistema que se enfoca en el aspecto físico del ser humano, preparándolo en sus principales bases, para el posterior desarrollo de la meditación o Dhyana. Trabaja básicamente con tres envolturas del cuerpo humano: el cuerpo físico o de alimento, el cuerpo de prana o energético, y el cuerpo mental. Todos estos “cuerpos” trabajan en conjunto en una práctica de Hatha Yoga.

El Hatha Yoga es uno de los principales sistemas de Yoga, relacionados con la purificación del cuerpo físico. Es un paso necesario, en la argumentación de diversos yoguis, para poder ejercer la práctica de la meditación con mayor éxito, dado que predispone al practicante corporal y energéticamente para afrontar los duros caminos que influyen en la meditación o Raja Yoga.

Engloba dentro de sus prácticas los kriyas o shatkarmas, sistemas de purificación del cuerpo físico, la práctica de asanas, o posturas físicas, que otorgan liviandad y firmeza al cuerpo, y la práctica de pranayama, la regulación consciente de la energía a través de la respiración, cuya práctica aumenta sistemáticamente la energía del practicante.

La expresión “hatha“, proveniente del sánscrito, está compuesta por dos términos:

  • HA, que significa “Sol, masculinidad, energía de acción”
  • THA, que significa “Luna, femineidad, energía de recepción”

Por lo tanto, “hatha” alude a la reconciliación de estos aspectos complementarios de nuestra dimensión física.

De este modo, el Hatha Yoga constituye un sistema que se enfoca en el aspecto físico del ser humano, preparándolo en sus principales bases, para el posterior desarrollo de la meditación o dhyana. Trabaja básicamente con tres envolturas del cuerpo humano, el cuerpo físico o de alimento (Annamaya Kosha), el cuerpo de prana o energético (Pranamaya Kosha), y el cuerpo mental (Manomaya Kosha). Todos estos “cuerpos” trabajan en conjunto en una práctica de Hatha Yoga. El cuerpo físico es el más distinguible exteriormente, y se expresa en la cantidad de movimientos y fuerzas, que se deben ejecutar en las diversas asanas que se realizan. El prana por otro lado, es movilizado y activado con la respiración, dándole “vida” al asana. Y se busca, finalmente, en la práctica de Yoga, la domesticación de la mente a través de la concentración en un objeto, el cual dentro de una práctica de asanas puede ser la respiración o un foco visual (Drishti), entre otros.

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Al realizar un asana de forma completa, no solo se está tomando consciencia del cuerpo material, sino también de la energía y el estado mental del practicante en cada uno de los “desafíos” o “momentos” que subyacen a una rutina de Yoga.

Así, una práctica ideal de Hatha Yoga debiera incluir todos estos aspectos, de modo que al realizar un asana de forma completa, no solo se está tomando consciencia del cuerpo material, sino también de la energía y el estado mental del practicante en cada uno de los “desafíos” o “momentos” que subyacen a una rutina de Yoga.

Es importante entender que gran parte de los centros y escuelas de Yoga hoy en día existentes son centros de Hatha Yoga, así sean centros de Iyengar, de Ashtanga, o de cualquier tipo de Yoga “físico”. Esto, pues la práctica de asanas, es principalmente una práctica perteneciente al sistema del Hatha Yoga. De este modo no solo las clases de “Hatha Yoga” pertenecen al sistema Hatha, sino todos los tipos de Yoga que contienen los elementos anteriormente mencionados. Así, siendo etimológicamente correctos, sería mejor hablar de “estilos de Hatha Yoga” que de sistemas que difieren unos de otros.

Es sin duda, uno de los sistemas de Yoga que más adeptos ha ganado dentro de occidente. Y esto no es para nada difícil de explicar, dado la cantidad de beneficios que pueden sustraerse de su práctica. Dentro de sus principales beneficios, están los de disminuir el estrés, tonificar el sistema muscular de nuestro cuerpo, mejorar el funcionamiento de los sistemas corporales (inmunológico, circulatorio, nervioso, respiratorio, digestivo, etc.). Tal vez el mayor beneficio de esta práctica es el que sea una práctica integral, que aborda, como se veía, no solo el cuerpo físico del practicante sino todos los planos del ser humano.

Autor: José Banderas

05 Sep

¿Qué es el Yoga?

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El Yoga no es una religión, ni tampoco pretende serlo. Tampoco es, por otro lado, una forma de ejercicios físicos, como el común de la gente tiende a pensar. Es, mejor dicho, una filosofía, la cual puede ser implementada desde distintos ejes, que finalmente apuntan a un mismo fin.

El yoga es uno de los seis darshanas o sistemas filosóficos ortodoxos de la India. Estos sistemas, a diferencia de la filosofía occidental, promueven no solo formas de “pensar” al mundo, sino también de vivirlo y de darle un sentido práctico.

Etimológicamente, la palabra Yoga, viene de la raíz sanscrita yug que significa “unir”. De este modo, el Yoga es una filosofía que busca unir aquello que aparentemente está separado, nuestra consciencia individual, con una consciencia mayor, la cual es posible llamar de muchas formas: Dios, consciencia universal, ser interior, alma.

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Existen definiciones laicas (Yoga busca conectar nuestro cuerpo, con la mente, y emociones), filosóficas (el Yoga como un camino para unirnos con nuestra esencia pura, el alma), o teológicas (Yoga como un sendero para unirnos o acercarnos a Dios).

Dependiendo del sustrato de nuestra práctica, podemos atribuirle amplios sentidos y definiciones al Yoga. Así, existen definiciones laicas (Yoga busca conectar nuestro cuerpo, con la mente, y emociones), filosóficas (el Yoga como un camino para unirnos con nuestra esencia pura, el alma), o teológicas (Yoga como un sendero para unirnos o acercarnos a Dios).

Por lo tanto, es menester decir, que el Yoga no es una religión, ni tampoco pretende serlo. Tampoco es, por otro lado, una forma de ejercicios físicos, como el común de la gente tiende a pensar. Es, mejor dicho, una filosofía, la cual puede ser implementada desde distintos ejes, que finalmente apuntan a un mismo fin. Por esta razón es que existen distintos senderos en el Yoga: Raja Yoga (Yoga de la meditación), Karma Yoga (Yoga de la acción), Bhakti Yoga (Yoga de la devoción), Jñana Yoga (Yoga del conocimiento). Son distintas formas de acrecentar nuestra conciencia, las que van desde simples ejercicios físicos, tipos diferentes de meditación, cantos de mantras, formas de vivir el día a día, etc.

Es importante también mencionar, que esta disciplina cuenta con miles de años de existencia. Si bien no sabemos a ciencia cierta su origen, sabemos que la nombraron en los Vedas, escritos con por lo menos 3500 años de antigüedad, y también se ha encontrado evidencia arqueológica en ciudades muy antiguas de la actual Pakistán, de figuras de arcilla en posturas meditativas y asanas, de fecha supuestamente anterior incluso a estos escritos.

Finalmente, los grandes maestros o “gurús” enfatizan en que el Yoga lo pueden practicar todas las personas, cualquiera sea su religión, cualquiera sea su sexo, nacionalidad, etc. Al ser una disciplina con múltiples beneficios, es de partida “deseado” que mucha gente lo practique.

Autor: José Banderas

05 Sep

Beneficios del Yoga

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¿Por qué esta práctica ha permanecido y sobrevivido a tantas épocas? Diversos pueblos y civilizaciones han pasado por India, desde musulmanes hasta ingleses, y esta disciplina continúa viva en el presente. ¿Por qué entonces el Yoga sigue existiendo? ¿Por qué una cultura tan distinta a la India, como occidente, ha implementado también está disciplina en sus diversas formas?

El Yoga es una práctica milenaria, de eso no hay ninguna duda. Las fechas más aceptadas que dan cuenta de su práctica se estiman entre el siglo III a.C. y el siglo VI d.C. (fecha de datación aproximada de los Yoga Sutras escritos por Patanjali).

Podemos ir mucho más lejos y remontarnos a excavaciones que se han hecho en ciudades antiquísimas cercanas al actual Pakistán, las cuales se conocen con el nombre de Mohenjo Daro y Harappa. En ellas se han encontrado estatuillas que permiten asegurar, casi con completa certeza, que ya en esa época se practicaba la meditación y un cierto tipo de asanas (posturas). Hablamos claramente de un “proto-Yoga”, o quién sabe cómo era conocido.

Así, tenemos una práctica que cuenta con al menos 2000 años de antigüedad, solo pensando en los escritos de Patanjali. Si nos basamos, por ejemplo, en la evidencia arqueológica, el número apunta a más de 3000 años atrás. Y si vamos a escrituras más míticas, como los vedas, la práctica parece existir desde hace mucho, mucho tiempo.

La pregunta que surge entonces naturalmente es: ¿por qué esta práctica – que parece no haber cambiado tanto en sus bases – ha permanecido y sobrevivido a tantas épocas? Esto no parece simple de responder, y es que India – lugar donde el Yoga se establece y, se dice, se origina – ha sufrido diversas invasiones a lo largo de su historia. Diversos pueblos y civilizaciones han pasado por India, desde musulmanes hasta ingleses, y esta disciplina continúa viva en el presente. ¿Por qué entonces el Yoga sigue existiendo? ¿Por qué una cultura tan distinta a la India, como occidente, ha implementado también está disciplina en sus diversas formas?

La intuitiva y simple respuesta la dicta la experiencia que tenemos cada uno en nuestras prácticas de Yoga: lo bien que nos sentimos al practicar, la liviandad que nos abraza, o el estado de equilibrio en el cual nos vamos a nuestros hogares. En una simple y única palabra, los beneficios. Los beneficios del Yoga son evidentes y se hacen patentes en la experiencia que tiene cada uno de nosotros a la hora de practicar.

La práctica de Yoga más popularizada hoy en día en occidente es el Hatha Yoga, orientada a la purificación del cuerpo físico y energético del ser humano. La mayoría de las escuelas de Yoga actuales poseen variantes de este gran sistema.

Dentro de los beneficios del Hatha Yoga se pueden mencionar:

  • La purificación del sistema nervioso.
  • El fortalecimiento del cuerpo físico.
  • Aumentar la vitalidad del cuerpo y la salud.
  • Extender el periodo de vida, purificando y aumentando la energía vital o prana.
  • En planos sutiles, prepara al cuerpo para la activación de la energía kundalini.
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La práctica constante tiende a modificar las actitudes de quienes la realizan, no solo en las horas de práctica, sino en la vida cotidiana, otorgándoles un mayor nivel de consciencia respecto de sus hábitos, gustos, necesidades, etc.

Iyengar, un maestro de Yoga contemporáneo, en su texto clásico sobre Yoga, “Light on Yoga” (“Luz sobre el Yoga”) (1966), dice que una práctica correcta de asanas proporciona ligereza y alegría al cuerpo y a la mente, con una profunda sensación de unión de cuerpo, mente y alma. Además, dice que la práctica constante tiende a modificar las actitudes de quienes la realizan, no solo en las horas de práctica, sino en la vida cotidiana, otorgándoles un mayor nivel de conciencia respecto de sus hábitos, gustos, necesidades, etc.

Por otro lado, textos clásicos como el “Hatha Pradipika” (siglo XV, d.C.) mencionan dentro de los beneficios de una práctica correcta: “liviandad del cuerpo, fulgor del rostro, claridad de la voz, brillo de la mirada, libertad de enfermedades, estimulación del fuego gástrico y purificación de los nadis”. El Hatha Yoga en su sentido clásico servía para eliminar los “obstáculos” de la práctica de la meditación y el camino a Dios, los cuales evidentemente eran los pesares de la materia y el cuerpo. ¿Cómo meditar, cómo dedicarse exhaustivamente a la búsqueda de la unidad suprema, si tenemos problemas terrenales, como el hambre, el frío, el calor, las enfermedades?

Así, este sistema, a través de distintos métodos (asanas, kriyas, pranayama) sirve para purificar y mantener en equilibrio nuestro cuerpo, y cuando éste se encuentra en equilibrio las enfermedades desaparecen. De hecho, la palabra hatha, viene de “HA”: Sol, prana, principio masculino; y “THA”: Luna, apana, principio femenino. Por tanto, hatha yoga es la unión (yoga) de “ha” y “tha”, las dos polaridades, y propone trabajar con ambos aspectos del individuo.

Este mismo principio lo reconocen la medicina ayurvédica y también la medicina china, pues ambas buscan el equilibrio del organismo. Así, las distintas afecciones son trabajadas desde una perspectiva integral, que abarca la totalidad del ser humano, pues finalmente todos los sistemas se relacionan mutuamente.

Por otro lado, es interesante notar que en el Yoga, las diversas enfermedades también se relacionan con la mente. En la medida en que nuestra mente se encuentra sana, serena y ecuánime, nuestra salud mejora notablemente.

Es interesante notar que en el Yoga, las diversas enfermedades también se relacionan con la mente. En la medida en que nuestra mente se encuentra sana, serena y ecuánime, nuestra salud mejora notablemente.

Por otro lado, es interesante notar que en el Yoga, las diversas enfermedades también se relacionan con la mente. En la medida en que nuestra mente se encuentra sana, serena y ecuánime, nuestra salud mejora notablemente.

El estrés por ejemplo, es una de los males actualmente más patentes dentro de nuestra sociedad. La gran mayoría hemos pasado por distintos grados de estrés, los cuales inciden negativamente en nuestro sistema emocional y energético. En situaciones de estrés, nos cansamos más, andamos irritables, y nos enfermamos con mayor facilidad. Esto lo sabe cualquier estudiante promedio en su semana de exámenes, o cualquier persona que trabaje en una oficina o que atienda las tareas domésticas en casa, expuestos a situaciones de constante presión.

El Hatha Pradipika dice al respecto: “Si la mente se estabiliza, ¿qué no se puede obtener en este mundo?”. He aquí el poder del Yoga en esta sociedad: su principal foco es la mente. Todos, absolutamente todos los ejercicios de Yoga están en directa relación con la mente. Así, por ejemplo, en la práctica de asanas, la mente del practicante debe estar pendiente de cada movimiento, de cada músculo, de las distintas sensaciones. Y cuando se alcanzan niveles más profundos de concentración, incluso tomamos conciencia de los tejidos internos, órganos, células y energía, dándonos cuenta de la unidad sistémica con la cual finalmente trabaja nuestro cuerpo. Como bien dice Iyengar: “El cerebro de un yogui se extiende desde la parte inferior del pie a la parte superior de su cabeza.”

Por otro lado, cualquier práctica de Yoga, debiese incluir un espacio de meditación, actividad ciento por ciento enfocada en la mente.

Finalmente, también es interesante notar los diversos estudios científicos que hoy en día se prestan para dar cuenta de la efectividad de esta práctica milenaria y sus beneficios. Sin embargo, la palabra última siempre recae en los propios practicantes, que evidencian los beneficios del Yoga en la simple práctica, en la agradable experiencia que resulta de practicar con constancia, al meditar, y al tomar consciencia del gran abanico de posibilidades que nos entrega la vida. En las asanas, por ejemplo, como dice Iyengar, podemos emular en nuestro cuerpo distintas posibilidades, relacionadas con distintas manifestaciones del universo. Desde un pequeño insecto, hasta árboles, montañas, sabios, etc.

Por tanto, no solo nuestra consciencia corporal aumenta, sino también nuestra consciencia mental. Nos abrimos a nuevos desafíos, a nuevas experiencias. Trabajamos nuestros miedos, nuestro ego, y también nuestros profundos sentimientos. Eso entrega finalmente el Yoga, la posibilidad de observarnos, de aceptarnos y de querernos tal cual somos, en un mundo profundamente diverso y amplio.

Autor: José Banderas

Bibliografía